
Árbol de ribera polinizado por el viento que florece en febrero-marzo; sin néctar, pero de los primeros en dar polen en días templados, y sus yemas aportan resina para propóleo.
El aliso crece en orillas de arroyos, zonas pantanosas y bosques de llanuras húmedas desde Europa hasta el Cáucaso y el norte de África; en Turquía es frecuente sobre todo en el mar Negro y en Mármara. Se poliniza por el viento y no da néctar. Sus amentos masculinos, largos y colgantes, sueltan mucho polen, que las abejas recogen en los días soleados y templados del final del invierno.
Florece en febrero y marzo, mucho antes de brotar las hojas. Junto con el avellano y el sauce, está entre las primeras fuentes de polen del año.
No es una fuente de miel. Su polen ayuda a arrancar la primera cría en las colonias que salen de la invernada, aunque por sí solo no proporciona un equilibrio nutritivo suficiente.
Sus yemas y brotes jóvenes tienen una resina pegajosa que las abejas pueden recoger para el propóleo. En colmenares junto a zonas húmedas puede reducir la necesidad de suplementos de polen al final del invierno. Evite abrir las colonias sin necesidad durante el periodo de polen.